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CERTIFICACION Conocer
Ya comenzamos el nuevo milenio y de lo único que podemos estar seguros, es que los procesos de cambio en todos los órdenes de la vida, ya sea económica, laboral o educativa, seguirán siendo una constante. Por ello, la necesidad de la innovación y la adaptación permanente de las empresas, las personas y las instituciones educativas a la nueva tecnología, a los nuevos esquemas de organización productiva y laboral, y a la creciente demanda de productos y servicios competitivos y de calidad. No hace mucho tiempo, cuando se escuchaban conceptos como mercados globales, competitividad y cambio tecnológico, se percibían en las más de las veces como lejanos, que sólo ocurrían en algunos países o en determinados sectores. Hoy vemos, no sin asombro y preocupación, que estos cambios cada vez más afectan nuestra vida cotidiana y a nuestras familias. Las empresas cambian sus procesos productivos y de trabajo para ser más competitivas, lo que las lleva a modificar los perfiles ocupacionales y a tener nuevos requerimientos de calificación de sus empleados. Con ello modifican sus sistemas de selección, contratación, capacitación, desarrollo y evaluación del desempeño de personal. Ante el fenómeno del cambio tecnológico y organizativo, las personas enfrentan la pérdida u obsolescencia de calificaciones para el trabajo, por lo que se demandan nuevas bases educativas, y una formación de mayor calidad, flexible y pertinente con los nuevos requerimientos. Por ello, ya no podemos concebir a la educación como una etapa que sólo ocurre una vez en la vida de los individuos. Los tiempos de cambios nos exigen nuevas capacidades, nuevas competencias, sobre todo la capacidad de aprender a aprender, y de adaptarnos, de saber convivir e interactuar con los demás, de aprender a ser, a hacer y a emprender. Por eso, hoy más que nunca se requiere que la educación sea en y para toda la vida de las personas. Los cambios en los centros de trabajo y las nuevas demandas de formación y capacitación, están modificando no sólo la composición cuantitativa del mercado de trabajo, sino sobre todo, su estructura y dinámica cualitativas, presentando nuevas necesidades de información, que le ayuden a mejorar su funcionamiento y transparencia. En el marco de estas tendencias, en 1995 se crea el CONOCER, como un organismo con participación tripartita de los sectores social, empresarial y público, a través de un Acuerdo suscrito entre las Secretarías de Educación Pública y la del Trabajo y Previsión Social, y que tiene como propósito contribuir al desarrollo continuo de las personas mediante la promoción de la competencia laboral certificada. Para cumplir con esta finalidad, el CONOCER promueve el desarrollo de los Sistemas Normalizado y de Certificación de Competencia Laboral. La norma es la base de los Sistemas, ésta es definida por los sectores empresarial y laboral, que son quienes conocen las distintas funciones productivas, y que apoyados por representantes del sector educativo, se organizan en comités de normalización que a partir de las necesidades de un sector o área, se dan a la tarea de elaborar las normas técnicas de competencia laboral. La norma describe los conocimientos, habilidades y destrezas que son requeridos por el sector productivo para que una persona logre un desempeño eficiente y de calidad en una determinada función laboral. El sistema de certificación de competencia laboral tiene como objetivo reconocer formalmente la competencia adquirida por los individuos, independientemente de cómo, cuándo y dónde la haya adquirido. El certificado de competencia laboral no pretende competir con los certificados, diplomas y títulos que por ley les corresponde otorgar a las instituciones educativas; es un instrumento que viene a llenar un vacío de información en el mercado laboral, pues busca proporcionar información precisa de lo que el individuo sabe hacer en el trabajo: Ayuda al empleador a mejorar su sistema de gestión de recursos humanos y a lograr un desempeño laboral eficiente y de calidad, así como a conocer el nivel de calificación de su personal y dar mayor precisión a sus acciones de capacitación; al trabajador le proporciona un medio eficaz y objetivo que le permite demostrar el capital intelectual que porta, mejorar sus posibilidades de contratación o permanencia en el empleo y a trazar trayectorias personales de formación y capacitación a partir de sus necesidades: y, a la institución educativa, le permite además de ampliar su oferta de capacitación y formación, haciéndola más competitiva, otorgando un valor agregado a sus estudiantes que amplíe sus oportunidades de incorporación más rápida y en mejores condiciones al mercado de trabajo. Normas de competencia laboral
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